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domingo, 2 de febrero de 2020

PSICOANÁLISIS EN BARILOCHE EL PSICOANÁLISIS NO SE ENSEÑA EN LA UNIVERSIDAD



El psicoanálisis es un campo científico producido en 1920.
La Teóría del Inconciente La Teoría de la Relatividad y La Teoría del Valor son los TRES PENSAMIENTOS CONTEMPORÁNEOS que dan las claves de nuestra vida cotidiana.
"EL PSICOANÁLISIS MODIFICÓ EL AMOR, EL ARTE y...
a usted, si ustéd quiere."

lunes, 23 de abril de 2018



EL      EMPLEO          DE     LA     INTERPRETACIÓN                DE     LOS      SUEÑOS         EN     EL PSICOANÁLISIS (*) 1911        

El psicoanálisis toma auge en muchos

  EL   Zentralblatt   für   Psychoanalyse   no   fue   diseñado   únicamente   para   mantener informados a sus lectores de los avances en el conocimiento psicoanalítico y así publicar relativamente      cortas   contribuciones      sobre   el  particular;    sino  que   trata,  además,     de cumplir objetivos dirigidos a presentar al estudiante un esquema claro de lo ya conocido, economizando        así  tiempo    y   esfuerzo   a  los  principiantes     de  la  práctica   analítica,   al ofrecerles instrucciones aptas para ellos. De aquí en adelante irán apareciendo en esta revista artículos de naturaleza didáctica no necesariamente novedosos.          

El tema del presente ensayo no es la técnica de la interpretación de los sueños. No vamos a exponer cómo ha de utilizarse su interpretación, sino tan sólo cuál es el uso que debe hacerse del arte onirocrítico en el tratamiento psiconalítico de los enfermos. Existe, desde luego, más de un procedimiento; pero en cuanto se refiere a la técnica, es norma del psicoanálisis señalar siempre y con la máxima precisión las reglas deducidas de la investigación   y   la   experiencia.   Si   hay,   quizá,   más   de   un   camino   bueno,   hay   también muchos malos, y la comparación de las distintas técnicas posibles habrá de ilustrarnos convenientemente,   aunque   no   llegue   a   decidir   nuestra   elección   a   favor   de   un   método determinado.          Al   pasar   de   la   interpretación   de   los   sueños   al   tratamiento   analítico,   conserva   el principio ante su interés hacia el contenido de los sueños y querrá, por tanto, interpretar, lo   más   acabadamente   posible,   todos   aquellos   que   el   paciente  le   comunique.   
Pero   no tardará en advertir que se encuentra ahora en circunstancias totalmente distintas y que, al intentar llevar a cabo sus propósitos de interpretación, contraría el curso deseable de la labor   terapéutica.   Si   el   primer   sueño   del   paciente   resultó   acaso   muy   adecuado   para enlazar a él las primeras aclaraciones que al mismo ha de suministrar, no tardan luego en surgir otros tan largos y oscuros que se hace imposible llevar a cabo su interpretación en una sola sesión del tratamiento, y si el psicoanalista la prosigue en los días siguientes, habrá de   desatender   los   nuevos   sueños   que   el  enfermo   vaya   comunicándole,   hasta   acabar   la interpretación iniciada. En algunos casos es tan rica la producción onírica y tan lento el PROgreso del paciente en la comprensión de sus sueños, que el analista no puede menos de   pensar   que   semejante   abundancia   de   material   no   es   sino   una   manifestación   de   la resistencia,   la   cual   utiliza   para   sus   fines  el   descubrimiento   de   que   la   cura   no   puede abarcar   la   materia   así   suministrada.   Pero,   entre   tanto,   la   cura   queda   muy   detrás   del presente y pierde su contacto con la actualidad. 
A esta técnica se opone la experiencia de que   para   el   desarrollo   del   tratamiento   es   importantísimo   conocer   en   todo   momento   la superficie      psíquica    del   enfermo      y   hallarse    orientado     sobre    los   complejos      y  las resistencias      que   van    siendo    activados     en  él   y   sobre    la  reacción     consciente     que determinará su conducta. Este fin terapéutico no debe ser propuesto casi nunca al interés que inspire al analista la interpretación de los sueños.          Pero si hemos de atenernos a esta regla, ¿cómo utilizar entonces la interpretación onírica     en   el  tratamiento     analítico?    
Nos    contentaremos       con    la  interpretación     que podamos lograr en una sola sesión, sin que nos preocupe no haber llegado a desentrañar por   completo   un   sueño,   y   en   lugar   de   continuarla   al   día   siguiente   la   dejaremos   en suspenso   hasta   el   momento   en  que   advirtamos   que   el   enfermo   no   ha   producido   nada nuevo.   Así,   pues,   tampoco   en   favor   de   una   interpretación   onírica   general   de   tomar siempre   lo   que   primero   acude   al   pensamiento del   sujeto.   Si   antes  de   terminar   con   un sueño   surgen   otros   nuevos,   nos   dedicaremos   a   estos   últimos,   sin   que   nos   remuerda desatender los anteriores, y cuando nos encontremos ante un sueño demasiado amplio y difuso,   renunciaremos   desde   un   principio   a   una   interpretación   exhaustiva.   En   general, nos guardaremos de manifestar un interés especial en cuanto a la interpretación de los sueños      y  de   despertar    en   el  enfermo     la creencia     de   que    la  labor   analítica   queda interrumpida,   por   falta   de   material,   cuando   no   dispone   de   algún   sueño,   pues,   de   lo contrario,   corremos   el   peligro   de   orientar   la  resistencia   hacia   la   producción   onírica   y provocar un agotamiento de los sueños: 
El analizado debe estar convencido de que el análisis   encuentra   siempre   material   con   el  que   continuar,   aunque   no   aporte   él   sueño ninguno y cualquiera que sea la atención que a los mismos se dedique.          Se   nos   preguntará   ahora   si   al   someter   el   empleo   de   la   interpretación   onírica   a todas     estas    restricciones    no     renunciamos        a  un    material     muy     valioso     para    el descubrimiento de lo inconsciente. A esta interrogación responderemos que la pérdida no es tan grande como pudiera creerse antes de profundizar en la cuestión. Ha de tenerse en cuenta que en los casos graves de neurosis no puede esperarse nunca conseguir una interpretación      exhaustiva     de   los  sueños    de   alguna    amplitud.     
Tales   sueños    se   basan muchas veces en la totalidad del material patógeno del caso, material ignorado aún por el médico y el enfermo (sueños de programa y sueños biográficos), y equivalen a una traducción del contenido total de la neurosis al lenguaje onírico. AI intentar interpretar uno     de  estos    sueños    entrarán    en   actividad     todas   las  resistencias     dadas    y  aún    no despertadas, y pondrán pronto un límite a toda penetración. 

La interpretación exhaustiva de   un   tal   sueño   coincide,   en   efecto,   con   la  perfección   total   del   análisis.   Anotado   al principio     del  análisis,   no   llegamos     a  comprenderlo      por   completo     hasta   después     de terminada aquélla, muchos meses después. Sucede aquí lo mismo que en la comprensión de un síntoma aislado (del síntoma principal, por ejemplo). Todo el análisis sirve para llegar    a  su  explicación;     pero  durante     el  tratamiento     hemos     de  intentar   aprehender, sucesivamente, distintos fragmentos de su significado, hasta que se nos hace posible su síntesis.  
No   podemos,   pues,   exigir   más   a  la   interpretación   de   un   sueño   emergido   al principio     del   análisis,    y  habremos      de   declararnos      satisfechos     si  la  tentativa    de interpretación      nos   descubre    ya    algo,   aunque     sólo   sea   un   único    impulso     optativo patógeno.          Así,   pues,   al   renunciar   al   propósito   de   una   interpretación  onírica   completa,   no renunciamos        a   nada    posible    ni   tampoco     perdemos,       generalmente,       nada    cuando interrumpimos        la  interpretación     de  un   sueño    para   ocuparnos     de   otro   más   reciente. Algunos acabados ejemplos de sueños plenamente interpretados nos han enseñado que varias   escenas   sucesivas   del   mismo   sueño   pueden   tener   el   mismo   contenido,   que   va imponiéndose en ellas cada vez con mayor claridad.      
    Hemos visto también que varios sueños soñados en la misma noche pueden no ser sino tentativas de representar el mismo contenido en forma distinta. 
Podemos asegurar, en general, que todo impulso optativo que hoy crea un sueño retornará en otros mientras no consiga ser comprendido y sustraído al dominio de lo inconsciente, y así, el mejor camino para completar la interpretación de un sueño consistirá muchas veces en dejarlo a un lado y dedicarse a otro nuevo, que habrá acogido el mismo material en forma quizá más   asequible.      muy   bien   que   no   sólo   el   enfermo,   sino   también   el   médico,   han   de considerar      aventurado    prescindir      de   la  orientación    consciente     en   el  tratamiento     y abandonarse por completo a una gula que siempre ha de pareceros «casual». Pero puedo asegurar     que    nunca    tenemos     que   arrepentirnos     de   habernos     decidido    a  confiar    en nuestras propias afirmaciones teóricas y habernos forzado a no disputar a lo inconsciente la dirección de la síntesis.          
Abogamos, pues, porque la  interpretación   de   los  sueños no sea practicada en el tratamiento psicoanalítico por su propio exclusivo interés, sino que se someta su empleo a aquellas normas técnicas que regulan en general el desarrollo de la cura. Naturalmente, hay   ocasiones   en   las   que   podemos   apartarnos  de   esta   conducta   y   dejarnos   Ilevar,   por algún trecho, de nuestro interés científico. Pero al obrar así debemos saber siempre lo que hacemos. Habremos de tener también en cuenta otro caso que viene surgiendo desde que   hemos   adquirido   mayor   confianza   en   nuestra   comprensión   del   simbolismo   de   los sueños     y   nos   sabemos     más    independientes      de   las   ocurrencias     espontáneas      de  los enfermos.   
   Un   onirocrítico    especialmente       hábil   puede   llegar   a  desentrañar     todos   los sueños del paciente sin necesidad de imponer al mismo una elaboración trabajosa y lenta de   cada   uno   de   ellos.   Para   un   tal   analista   no   existirá   ya   conflicto   alguno   entre   las exigencias   de   la   interpretación   onírica   y   las   de   la   terapia,   y   se  inclinará   a   emplear   a fondo, en todos los casos, la interpretación onírica y comunicar al paciente todo lo que sus sueños le hayan permitido adivinar, sin que el obrar así se desvíe considerablemente de la dirección regular del tratamiento, como ya explicaremos en otra ocasión. Pero el analista principiante no debe tomar como modelo este caso excepcional.          

Con respecto a los primeros sueños comunicados por el paciente en el tratamiento analítico, mientras ignora aún por completo la técnica de la interpretación onírica, todo analista   puede   conducirse  como   el   onirocrítico   experimentado   antes   expuesto.   Estos sueños iniciales son aún muy ingenuos y descubren muchas cosas, semejándose en esta condición   a   los   soñados   por   los   hombres   sanos.  
Surge   aquí   la   interrogación   de   si   el psicoanalista debe o no traducir en el acto al paciente lo que en sus sueños ha leído. Pero no es éste el lugar de responder a ella, pues se nos muestra subordinada a otra cuestión más amplia: la de fijar las fases del tratamiento en las que el paciente debe ser iniciado en el conocimiento   de   su   psiquismo   inconsciente  y   la   marcha   que   ha   de   seguirse   en   esta iniciación.  

Conforme   va   conociendo   luego   el         sujeto   la   práctica   de   la   interpretación onírica, van haciéndose más oscuros sus sueños. 
Todo conocimiento sobre el sueño sirve también de advertencia a la producción onírica.          En   los   trabajos    «científicos»     sobre   los   sueños,    que   a   pesar   de   rechazar     la interpretación   onírica   han   recibido   del   psicoanálisis   nuevo   impulso,   se   concede   una importancia       excesiva    a  la  conveniencia      de  conservar      fielmente    el  texto   del   sueño, preservándolo de las deformaciones y mutilaciones que le imponen las horas siguientes a su      desarrollo.      
También       algunos       psicoanalistas       parecen      no     servirse     muy consecuentemente   de   su   conocimiento   de   las  condiciones   de   la   producción   onírica,   al recomendar al sujeto que fije por escrito todos sus sueños inmediatamente después de despertar. 
Esta medida carece de todo alcance en la terapia y, en cambio, los enfermos la aprovechan para perturbar su reposo nocturno y mostrar su celo en una cuestión en la que no puede ser de ninguna utilidad, pues semejante laboriosa conservación de un texto onírico, que en otro caso hubiera sido devorado por el olvido, no reporta ventaja ninguna al   enfermo.   AI   proceder   luego   a   su   análisis,   no   se   logra   que   enlace   a   dicho   texto asociación ninguna, y el efecto es el mismo que si el sueño hubiese sucumbido al olvido.         
El psicoanalista habrá averiguado, desde luego, en este caso, algo que de otro modo le hubiera escapado; pero el hecho de que el psicoanalista sepa algo no equivale a que lo sepa el enfermo. En otro lugar estudiaremos la significación de esta diferencia en la técnica del psicoanálisis.          
Mencionaré   todavía   otro   tipo   especial  de   sueños   que,   por   sus   condiciones,   sólo pueden surgir en el curso de una cura psicoanalítica y suelen extrañar o inducir en error al joven psicoanalista
Son éstos los llamados sueños «corroborativos», fácilmente interpretables y cuya traducción nos ofrece solamente aquello mismo que la cura había deducido en los últimos días del material de ocurrencias diurnas. Parece así como si el paciente hubiese tenido la amabilidad de producir, en forma de sueño, precisamente aquello que se le ha «sugerido»   inmediatamente   antes.   
Pero   el   analista   experimentado   se   resiste   a   creer   en tales amabilidades del enfermo; considera estos sueños como una grata confirmación de sus   deducciones   y   comprueba   que   sólo   aparecen  bajo   determinadas   condiciones   de   la influencia   ejercida   por   el   tratamiento.  
La   mayoría   de   los   sueños   se   anticipan,   por   el contrario, a la cura y ofrecen así, una vez despojados de lo ya conocido y comprensible, una   indicación   más   o   menos   precisa   de   algo   que   hasta   entonces   había   permanecido oculto.